La ventaja de la difusión a través de Internet es muchísimo más grande que el inconveniente

—César Pérez Gellida
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Entrevista a César Pérez Gellida

Con Memento mori, el escritor vallisoletano César Pérez Gellida demuestra que su ciudad también puede ser el escenario de una novela negra al estilo de los mejores títulos del género procedentes del norte de Europa. Su debut literario cuenta, además, con atractivos más allá de la historia que narra, como la banda sonora que propone a los lectores escuchar a través de Internet mientras leen sus páginas. Un guiño a la tecnología a la que considera una oportunidad en el terreno literario, más que como una amenaza a su trabajo. Pérez Gellida, por cierto, será protagonista principal de otro proyecto que une literatura e Internet, el Redlato que este año 2013 cumplirá su cuarta edición y del que escribirá su inicio.

Memento mori, al margen de su historia, puede ser una experiencia para el lector donde Internet tiene su importancia. ¿Cuál es su opinión sobre los efectos de la tecnología en la literatura?

Esa vertiente tecnológica es una oportunidad, yo no lo veo como una amenaza. Es una oportunidad, sobre todo, de ganar lectores y ganar soportes para atraer a gente que no compra libros. La amenaza de la piratería, esta gente que se descarga libros, puede existir, pero no los considero lectores. Si a alguien le gusta el papel y le gusta leer, acaba comprando papel. Normalmente, quien se descarga muchísimo, acaba teniendo muchísimo pero no lee. El formato electrónico nos da la oportunidad de llegar a mucha más gente y, además tenemos muchísimas webs hablando de libros que antes no llegaban a nadie. Reseñas, críticas, gente que retuitea comentarios… La ventaja de la difusión a través de Internet es muchísimo más grande que el inconveniente.

Pero hay sectores en la industria que sí lo ven como un problema. ¿Es cuestión de tiempo, de adaptación a un nuevo escenario?

La industria tradicional lo está viendo como un inconveniente, un problema de competencia por culpa de la piratería que no pueden frenar. Entiendo a los editores, tienen un modelo de negocio tradicional, asentado en unas bases en las que Internet no ayuda. Es necesario conjugar conjugar los dos escenarios, pero para ello los editores necesitan que el Gobierno adopte unas medidas que, parece, no va a adoptar. Hay dos vías: o nadas contracorriente o te dejas llevar. Ninguna de las dos es completamente buena, aunque yo prefiero dejarme llevar. No ir en contra de lo que parece que es lo que la gente quiere en este momento.

Este año iniciará el Redlato, esa experiencia de literatura colaborativa en la que Internet juega también un papel fundamental.

Cuando me lo contaron me pareció una idea genial, novedosa, participativa… Y siniestra, el relato que tengo en la cabeza para que la gente continúe la historia. Me encanta poner la semilla en esta iniciativa. Depende del tipo de terreno en el que la plantes, la gente sabrá leer esas primeras páginas y por dónde deberá seguir. Me parece una idea excepcional que puede hacer participar a muchísima gente.

Memento mori es una novela negra, con asesinatos y un fondo siniestro, ambientada en una ciudad como Valladolid. ¿También puede ser esta ciudad un escenario para una historia de este tipo?

Todas las ciudades tienen rincones que puedes vestir de siniestro, y Valladolid los tiene. Santo Domingo de Guzmán es una de las calles más siniestras que se puedan encontrar en España. Si la recorres desde el principio hasta el final, sobre todo si hay niebla, es muy difícil que no te tengas que cambiar de ropa interior. Realmente, hay sitios en Valladolid como la Plaza del Viejo Coso, calles de barrios como la Rondilla o las Delicias, que son muy siniestras. Valladolid puede ser perfectamente un escenario de novela negra como lo es en Memento mori.

La música es un elemento imprescindible de la novela, e invita a los lectores a escuchar las canciones que aparecen en ellas. ¿También la escucha mientras escribe?

No, mientras escribo no. Pero antes de escribir sí lo hago. Pero escribir así es difícil, es una distracción, al menos para mí. Cuando escucho música, escucho música. Lo que le propongo al lector es que, cuando llegue al momento de la música, escuche la canción y siga leyendo. Es una experiencia fantástica.

En la literatura, las comparaciones son casi inevitables. Esta es su primera novela y, para muchos, ya es el ‘Stieg Larsson español’. ¿Cómo se lleva eso? ¿Es algo que forma parte del marketing que rodea este mundo?

Para ser sincero, de Stieg Larsson sólo leí el primer libro, el resto de la trilogía Millenium la conozco por la serie. Para mí es un privilegio que me comparen con él, porque es el, digamos, ‘padre’ de la nueva novela negra, la que se parece más al thriller que a la novela negra clásica. Pero no me influye como escritor tanto como otros, como Jo Nesbø. Es cierto que determinados pasajes, sobre todo en la estructura, sí se parecen, pero nada más. ¿Pero que me comparen con Stieg Larsson? Es un privilegio, ojalá lo sigan diciendo.

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