Efecto Streisand: cuando la censura sale mal

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Efecto Streisand: cuando la censura sale mal

En el año 2003, la actriz y cantante Barbra Streisand denunció al fotógrafo Kenneth Adelman y la página de fotografías pictopia.com y los exigió a que retirasen de ese portal una foto aérea de la costa de California. La razón, que su casa, situada en la zona, era perfectamente visible en la imagen. La fotografía, parte de un trabajo con el que su autor quería documentar la erosión en esa costa, no había llamado especialmente la atención justo hasta ese momento. Nadie se había percatado de que allí aparecía la casa de Streisand hasta que la propia Streisand removió el asunto. La consecuencia, claro, es que la protagonista de Tal como éramos se encontró con lo opuesto a lo que pretendía. Si con su denuncia apelaba a su derecho a la privacidad, la publicidad del asunto provocó que todas las miradas recayesen precisamente en su santuario privado.

Desde entonces, conocemos como ‘efecto Streisand’ a estas situaciones en las que un intento de ocultacion, de censura o de eliminación de ciertos contenidos provoca precisamente una gran publicidad y la rápida viralización a través de redes sociales, blogs y demás canales de comunicación.

En los últimos días hemos sido testigos de dos de esos casos que nos invitan a reflexionar acerca de la necesidad de molestarse por determinadas cuestiones e intentar evitar lo inevitable. Uno lo vivimos con un programa de la ETB, la televisión autonómica vasca, que en clave de humor mostraba la imagen que una serie de entrevistados tiene de España y los españoles. Tópicos y adjetivos como ‘catetos’ o ‘chonis’ aparecieron en ese programa, que no alcanzó el 3% de share y vieron en el momento de su emisión apenas 27.000 espectadores. Días después comenzaron a aparecer a través de las redes sociales fragmentos del programa con mensajes que criticaban el tono empleado y censuraban la actuación de la ETB. En pocas horas, un contenido que había pasado casi inadvertido en su momento pasó a ser trending topic y de paso se cobró una víctima involuntaria: la película El guardián invisible, recién estrenada y objeto de un boicot porque una de sus actrices había participado en ese programa.

Otro que ha protagonizado un ‘efecto Streisand’, en este caso ‘de libro’, es Álvaro de Marichalar emparentado en su día con la monarquía y habitual por tanto de la prensa rosa. Hace unos meses, la periodista Sabina Urraca escribía este artículo en el que narraba lo que calificaba de ‘pesadilla’: un viaje en Blablacar con Marichalar como fatídico acompañante. El mencionado no se lo tomó muy bien y primero ejerció su derecho a réplica para exponer su punto de vista y discrepar de la autora. Cuando todo parecía olvidado, la semana pasada se conoció que Marichalar había denunciado a la periodista por el asunto y la reclamaba 30.000. Una entrada en un blog con un alcance muy limitado terminaba, de esta manera, en las portadas de medios generalistas. La ofensa que se pretendía esconder, a la vista de millones de personas.

¿La mejor solución para casos de este tipo? Cada uno, claro, tiene la suya.

 

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