Los contenidos hechos para televisión, un mal producto para smartphones

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Los contenidos hechos para televisión, un mal producto para smartphones

Parece evidente: los contenidos deben adecuarse al soporte al que van dirigidos para resultar de utilidad, de fácil ‘lectura’ (entiéndase en un sentido amplio) e, incluso, viables desde el punto de vista crematístico: desde su potencial para que el usuario final esté dispuesto a pagar por ellos.

Decíamos que la afirmación anterior parece evidente, pero no lo es tanto a tenor de lo que ocurre a ras de suelo: producciones audiovisuales hechas para un soporte (televisión, por ejemplo), a los que se intenta dar salida a través de dispositivos móviles con escaso éxito de audiencia y mucho menos aún con beneficios económicos. Las razones de todo ello y las recomendaciones sobre cómo deberían hacerse contenidos adaptados para el soportes se encuentran en una investigación del profesor Fernando Galindo publicada en la Revista Venezolana de la Información, Tecnología y Conocimiento. El artículo se titula ‘Contenidos audiovisuales para smartphones. Análisis de usabilidad y adecuación al medio’. Se trata, además, de una investigación “basada en los datos extraídos del proyecto de investigación ‘Contenidos audiovisuales para móviles. Análisis de usabilidad y adecuación al medio’, financiado por la Junta de Castilla y León”, tal como afirma el autor del trabajo.

¿Qué ocurre con los contenidos para móviles?

Tanto en el texto del artículo como en sus conclusiones, Galindo redunda en varias ideas clave:

1. La característica más ventajosa del acceso a contenidos a través de smartphones es su permanente disponibilidad, un rasgo asociado al concepto de movilidad. Los usuarios valoran esta ventaja por encima de cualquier otra.

2. El mero trasvase de contenidos de la televisión convencional a los teléfonos inteligentes no será exitoso hasta que no se produzca una adecuación eficaz de esos contenidos al dispositivo móvil.

3. La experiencia de usuario con contenidos de televisión accesibles desde el móvil no es lo suficientemente positiva como para que resulte viable un modelo de negocio que se surta de contenidos por esta vía.

4. El móvil no es un sustituto del televisor: son dos medios dispares y es necesario dejar de compararlos para entender que el smartphone también es un receptor de productos de comunicación audiovisual. Concretamente, de sus propios productos audiovisuales.

¿Cómo hacer buenos productos audiovisuales para móviles?

En su artículo, Fernando Galindo realiza seis recomendaciones al hilo de sus conclusiones. Seis requisitos para que los contenidos audiovisuales se adapten al móvil (ese aparato que consultamos de pie en cualquier lugar y en cualquier momento) como pantalla de destino para su visualización.

El primer consejo es modificar las estructuras narrativas. En palabras del profesor, “productos de corta duración, auto conclusivos, fasciculados en episodios, de estructuras narrativas simples y con un lenguaje audiovisual adaptado a las peculiaridades tecnológicas”.

En segundo lugar, es necesario cambiar las estrategias comunicativas. O, lo que es lo mismo, la pequeña pantalla de móvil no puede competir con la del televisor, por lo que “solo aquello que de forma específica esté producido para ser recibido en un terminal móvil tendrá opciones de comunicar de forma eficaz”. Y, tal como añade Galindo, el marketing mobile ya ha empezado a ofrece frutos con productos exclusivos para smartphones.

La tercera recomendación pasa por la personalización. Los móviles ofrecen herramientas suficientes como para segmentar al público objetivo e, incluso, individualizar en función del número de teléfono, del posicionamiento geográfico del usuario o de su conexión a una red wifi concreta.

Y llegamos al espinoso asunto del precio. En su artículo, Galindo menciona que la investigación refleja que los usuarios no están dispuestos a pagar por contenidos: tal vez porque esos mismos productos audiovisuales los pueden encontrar en la Web o ver en la televisión, o bien porque este tipo de productos están indefectiblemente asociados a Internet, y ésta a su vez unida al concepto de gratuidad. Por tanto, para que tengan éxito el investigador recomienda “coste cero para el consumidor o, al menos, un coste realmente bajo (micropagos) como única opción de viabilidad del producto”.

En cuanto a la quinta recomendación, es más bien la constatación del esquema necesario en todo proceso de difusión. Galindo lo llama redundancia, viralidad y prescripción, y afirma que “la redundancia se amplifica con la viralidad del producto […]. Esta viralidad adquiere un sello de garantía de calidad cuando quien la envía es un prescriptor habitual y contrastado del usuario”.

Por último, apunta como recomendación mejoras tecnológicas, como “baterías de mayor duración […], pantallas optimizadas con un menor índice de radiación lumínica […] e interfaces sencillos”.

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Un comentario

  • avatar
    Ipadero
    17 diciembre, 2012

    Pues en mi opinión, todo eso está muy bien, pero quizá sería interesante un paso previo muy sencillo: que lo que se ve bien en un ordenador de escritorio se vea bien (aunque pequeñito) también en un smartphone o tablet. Y me refiero al típico capítulo de la típica/mítica serie que te has perdido en la tele y quieres ver tumbado en el sofá, sin tener que poner el portátil. mitele.es, antena3.com, etc. no hay quien las vea si no es con un ordenador.
    Vale que es culpa del ipad y del iphone, pero las cadenas deberían ser un poquito más ágiles, ¿no?

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