Capítulo 3 del II Redlato: 23035

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Capítulo 3 del II Redlato: 23035

No sé en qué momento aparecieron allí, en uno de los asientos dobles detrás del mío. Juraría no haberlos perdido de vista ni un instante, aunque quizá había cerrado los ojos una fracción de segundo.

El caso es que allí estábamos, solos en la parte de atrás del autobús, las dos mujeres, quizá esta vez más calmadas que la semana anterior, pero con la misma mirada de pérdida y desesperación en los ojos de la anciana. Por mi parte, me encontraba paralizado, casi sin respirar. Después de toda la semana obsesionado con ellas, ahora era incapaz de hacer nada. Las manos frías y sudorosas y la espalda tensa. Me encontraba medio girado, intentando que no se fijaran en mí, lo que no era difícil: se comportaban como si estuvieran en otro lugar, en otro tiempo. Ausentes, como flotando sobre los incómodos asientos del autobús, su silueta borrosa y recortada contra el ventanal trasero.

Agucé el oído, por encima del rumor del motor y el chirrido desagradable de los frenos y conseguí entender algunos fragmentos de conversación, o mejor, de monólogo, en el que la anciana, con su particular acento, iba desgranando detalles de la historia. Contó a su acompañante cómo en los primeros días después del parto, su marido, Guzmán, había intentado por todos los medios presionar a Proaza, primero con razones y después con amenazas, pero nada había conseguido más que pasar una noche en una oscura y fría celda, acurrucado sobre un montón de paja lleno de chinches y orines.

Mientras tanto, Catalina, que así se llamaba la anciana, se recuperaba lentamente de su difícil parto en el hospital. Con la ayuda de una comadrona, amiga de su infancia, pudo saber que el doctor Proaza tenía en el hospital una merecida fama de jugador y pendenciero, y que sus turbios contactos con la alta sociedad de la ciudad le daban un respaldo que le hacía invulnerable.

Sin embargo, la noche que Guzmán pasó bajo arresto, una imposible casualidad dejó entrar un rayo de esperanza en el afligido corazón de Catalina…

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