La resistencia

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La resistencia

Todo era tranquilidad, nuestra vida caminaba segura bajo el orden, nada nos hacía pensar en lo que venía hacia nuestras vidas. Batallas y traiciones, mentiras, bandos enfrentados… Los invasores vienen para cambiar nuestro orden, el orden establecido desde tiempos no recordados, en el cual las cosas tienen su sitio, su forma y su devenir. Todo tiene sentido y el implacable invasor en su ansia de entrometerse en todos los procesos no hace más que avanzar para forzar el cambio, para convencernos de nuestros errores, para querer demostrar que estábamos equivocados y que todo debe cambiar.

Es por ello que debemos establecer la resistencia, en un pacto no hablado pero que todos deseamos. Tenemos que luchar contra el cambio y tenemos que hacernos fuertes. La resistencia es lo necesitado y lo buscado. El invasor lo tendrá difícil, muy difícil y nos encontrará enfrente dispuestos a luchar. Nada será fácil.

Nosotros somos La Resistencia. Pues no, ni es el título de la próxima serie televisiva aunque sobre trama para ello, ni es el argumento de ninguna obra apocalíptica aunque lo merezca. Estamos frente a una lucha que se desencadena en el seno de nuestras empresas cada vez más a menudo de lo deseado. La resistencia al cambio es uno de los frenos más peligrosos y que supone en muchos casos la principal barrera a la evolución y a la mejora. La brecha digital encuentra en la resistencia al cambio a su mayor aliada.

Antes de iniciar cualquier proceso innovador en las compañías debemos hacer partícipe de él a la estructura. Escuchar y compartir antes de implantar, corregir y adecuar procesos contando con la colaboración interior a la vez que se explica el “porqué” y el “para qué” de las cosas. Todo proceso evolutivo tiene garantizado el éxito desde el seno de la aceptación. En caso contrario encuentra una lucha sin cuartel, y serán las filas de la resistencia al cambio un enemigo muy difícil de batir.

Si la dirección decide cambios, por el camino de la imposición, podrá llegar a implantarlos, pero con costes y con tiempos no deseados. Sin duda trabajar para que la resistencia no nazca es una solución más apetecible que luchar contra ella.

Mucho mejor que ganar las guerras es evitarlas, hay menos bajas y menos daños colaterales. Recordando las palabras de Marty Neumeier: “Algunas veces el enemigo no es una empresa competidora, sino el viejo método de hacer las cosas.”

Me atrevo a decir que “Algunas veces…” se queda en cualquier caso muy corto, más bien diría “Casi siempre…”

Óscar Mena Aparicio
Director general de CULTURATIC

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