De plagios, chantajes y vidas inventadas en la Red

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De plagios, chantajes y vidas inventadas en la Red

En cierto modo, todos somos un poco así. En nuestro currículum todos sabemos hablar inglés un poco mejor que lo que la realidad sentencia. Y hasta italiano. Nivel medio, poco mucho, pero nos apañamos. Lo de ‘echarle morro’ es consustancial al ser humano, y, lógicamente, igual que a la hora de correr encontramos a Usain Bolt, en este apartado contamos también con verdaderos plusmarquistas. Por si fuera poco, Internet y las redes sociales han dado nuevas alas a quienes ya vienen de casa con la lección bien aprendida en esto de obtener el máximo rendimiento a unas circunstancias iniciales de lo más mediocre.

Hace poco leíamos este artículo en El Confidencial que nos provocaba una sensación que se movía entre la perplejidad, la carcajada y la lástima. La protagonizaban hosteleros que contaban sus experiencias con clientes que se presentaron ante ellos como figuras de gran influencia en redes sociales y foros que podían hacer, con sus críticas en Internet, tambalear sus negocios. El trato es sencillo: “tú me invitas a comer, yo me porto bien y no te critico en mi blog, en mi cuenta de Instagram o en mi canal de Youtube”. Sin tener claro si sorprende más la frialdad de algunas personas o la respuesta de algunos de los chantajeados, lo cierto es que estos supuestos o reales ‘influencers’ se salen muchas veces con la suya.

El terreno de los blogs de moda es otro donde donde podemos ver la habilidad (o, en muchos casos, precisamente la falta de ella) de supuestos gurús a quienes se les ven las costuras a poco que se mire. No son pocos los casos en los que los miles de seguidores que aplauden en la Red sus propuestas estilísticas están construidos directamente en la copia y el plagio de otros sitios con menor proyección pública. Una práctica que afecta a figuras de aquí y de cualquier sitio.

Si al principio decíamos que quien más, quien menos, colorea su currículum para otorgarse algún mérito que no le corresponde, con los múltiples canales de comunicación que tenemos ahora a nuestra disposición hay quien no encuentra medida y es capaz de convertir su vida en una gran mentira que termina por salir cara. Es lo que le ocurrió hace unos meses a la actriz española Anna Allen, a quien podíamos ver en sus redes sociales cómo protagonizaba series en Estados Unidos o Francia, era premiada en Italia o asistía a las ceremonias de entrega de los Óscar. El problema es que esa frenética actividad profesional estaba limitada a eso, a las redes, y no a la realidad. El engaño se destapó y su carrera ha quedado parada.

Internet y las redes sociales ofrecen infinidad de posibles usos. Cada individuo trta de obtener el mayor rendimiento con ellas. A veces, es cierto, se les va de las manos.

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